Sobre los ciclos del obrar eficiente
Hacer algo...¿por qué hacerlo bien?
¿Cuál es la justa medida que califica "buena" una obra?
¿Un patrón de excelencia o eficiencia?...¿algún modelo natural?
¿Cuál es la justa medida que califica "buena" una obra?
¿Un patrón de excelencia o eficiencia?...¿algún modelo natural?
¿No son los ciclos naturales ejemplos de propósito y eficiencia?
"Todos los torrentes invernales salen al mar; no obstante, el mar mismo no está lleno. Al lugar para donde salen los torrentes invernales, allí regresan para poder salir" (Ecle 1:7)
"Porque tal como la lluvia fuerte desciende, y la nieve, desde los cielos, y no vuelve a ese lugar, a menos que realmente sature la tierra y la haga producir y brotar, y realmente se dé semilla al sembrador y pan al que come..."(Isa 55:10).
¿No nos enseña, entonces, el efecto de una causa natural que hay un calculado propósito, para satisfacer a toda cosa que respira? Sin lugar a dudas. La vida se sostiene en fenómeno circular con eficiencia, bajo un propósito.
¿Cuál es entonces la asignación del hombre?
"En cuanto al hombre, no hay nada mejor [que] el que coma y en realidad beba y haga que su alma vea el bien a causa de su duro trabajo. Esto también lo he visto, yo mismo, que esto proviene de la mano de Elohim" (Ecle 2:24)
Dos manos para hacer de la junta de ellas la porción calculada y asignada de grano: su ración.
Dos manos para complementar la habilidad de cada una: la diestra al servicio de la siniestra, bajo el mandato imperativo de la razón educada. Ambas para un solo propósito.
Dos ojos para percibir forma y fondo, matiz cromático en la luz: deleite y entendimiento sucesivos.
Dos pies para sostener el cuerpo y marcar el compás al andar. Dos apoyos sostienen algo en mejor equilibrio.
Dos orejas para percibir distancia y matiz sonoro en complemento y perfecta audición. Sin estas, ¿sería posible el lenguaje musical, es decir, la lengua del espíritu?
Una lengua dividida para combinar la percepción de los sabores y conseguir el deleite en la sorpresa.
Una nariz con dos aberturas para filtrar el aroma y descubrir el deleite de los alimentos aún antes de ser ingeridos: antesala del aprecio.
Un cerebro dividido en dos hemisferios, para complementar emoción y razón: he aquí la enseñanza.
Un hombre y una mujer, por tanto, ¿atraídos acaso sin propósito alguno? La atracción se hizo filial, Lo filial se hizo confianza y romance: el complemento de ambos produjo vida.
Aquella vida nueva, cumplido el rigor de su entrenamiento y abierta la puerta para despedirlo a la sola vida (como el águila con sus crías que ya vuelan), se va para darle significado a su propia vida. Los progenitores contemplarán el bien del ciclo de su duro trabajo al descubrir que mejores fueron dos que uno, en eficiente trabajo.
"Todos los torrentes invernales salen al mar; no obstante, el mar mismo no está lleno. Al lugar para donde salen los torrentes invernales, allí regresan para poder salir" (Ecle 1:7)
"Porque tal como la lluvia fuerte desciende, y la nieve, desde los cielos, y no vuelve a ese lugar, a menos que realmente sature la tierra y la haga producir y brotar, y realmente se dé semilla al sembrador y pan al que come..."(Isa 55:10).
¿No nos enseña, entonces, el efecto de una causa natural que hay un calculado propósito, para satisfacer a toda cosa que respira? Sin lugar a dudas. La vida se sostiene en fenómeno circular con eficiencia, bajo un propósito.
¿Cuál es entonces la asignación del hombre?
"En cuanto al hombre, no hay nada mejor [que] el que coma y en realidad beba y haga que su alma vea el bien a causa de su duro trabajo. Esto también lo he visto, yo mismo, que esto proviene de la mano de Elohim" (Ecle 2:24)
Dos manos para hacer de la junta de ellas la porción calculada y asignada de grano: su ración.
Dos manos para complementar la habilidad de cada una: la diestra al servicio de la siniestra, bajo el mandato imperativo de la razón educada. Ambas para un solo propósito.
Dos ojos para percibir forma y fondo, matiz cromático en la luz: deleite y entendimiento sucesivos.
Dos pies para sostener el cuerpo y marcar el compás al andar. Dos apoyos sostienen algo en mejor equilibrio.
Dos orejas para percibir distancia y matiz sonoro en complemento y perfecta audición. Sin estas, ¿sería posible el lenguaje musical, es decir, la lengua del espíritu?
Una lengua dividida para combinar la percepción de los sabores y conseguir el deleite en la sorpresa.
Una nariz con dos aberturas para filtrar el aroma y descubrir el deleite de los alimentos aún antes de ser ingeridos: antesala del aprecio.
Un cerebro dividido en dos hemisferios, para complementar emoción y razón: he aquí la enseñanza.
Un hombre y una mujer, por tanto, ¿atraídos acaso sin propósito alguno? La atracción se hizo filial, Lo filial se hizo confianza y romance: el complemento de ambos produjo vida.
Aquella vida nueva, cumplido el rigor de su entrenamiento y abierta la puerta para despedirlo a la sola vida (como el águila con sus crías que ya vuelan), se va para darle significado a su propia vida. Los progenitores contemplarán el bien del ciclo de su duro trabajo al descubrir que mejores fueron dos que uno, en eficiente trabajo.
El amor, aquel vínculo perfecto de unión, hace posible los ciclos: la causa de todo buen efecto del obrar filial. Replicado en los seres pensante, la eficiencia de toda obrar y obrar bueno: ¡la "excelencia"! El propósito de una eficiente rueda que gira impulsada desde un primer aliento, el primer impulso dinámico, el mismo que contempló el poeta con éxtasis, bajo el amparo de luz divina:
"... como rueda a su vez movida,
El amor que mueve el Sol y las demás estrellas"
(Paraíso, XXX, 144,145)
"... como rueda a su vez movida,
El amor que mueve el Sol y las demás estrellas"
(Paraíso, XXX, 144,145)
17.12.18
09 Tevet, 5779
HR
09 Tevet, 5779
HR

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