Sobre el real valor de la riqueza
Cierto comerciante satisfecho de riqueza y cansado de rutina, decidió dejar su ciudad natal y a los suyos para probar vida en una ciudad próspera, más allá del desierto. Se dijo para sí: "Probaré suerte y opulencia con todo lo bien recaudado. Debo comer y beber porque mañana he de morir".
Vendió todo cuanto poseía, cambió el valor de sus riquezas por cuatro barras pesadas de oro y se despidió de su gran familia.
Aparejó sobre su bestia todo su bien terrenal en grandes morrales y emprendió sólo, al atardecer, el viaje provisto de raciones y agua.
Las sucesivas tormentas de arena por alguna razón confundieron al camélido. El animal moribundo, sin rastrear oasis después de muchos días y sediento de agua, terminó recostado en el cálido arenal. Los golpes desesperados de su dueño no lo doblegaron, hasta que expiró un mediodía.
El viajero, morrales al hombro y cargado de provisiones y agua decidió avanzar por las huellas que imaginó en el desierto. Descansaba de día, avanzaba de noche.
Pasaron los días y las raciones se le agotaron. El calor abrazador a la sombra de su telar no pudo evitar que el agua se secara en los odres y también en su garganta.
Avanzó solo, sin rumbo por el arenal, aferrado a su valiosa carga; doblegado, desistió por el peso y el hambre de andar. Fatigado y al borde de la muerte, agradeció al cielo avizorar en el horizonte la silueta de un beduino.
-"Llévame contigo" le rogó.
-"Tengo provisiones para mí solo y la distancia es grande". No puedo llevarte conmigo. Espera alguna caravana".
-"Te haré próspero en el lugar de tu destino. Soy comerciante rico..."
-"Tengo provisiones para mí solo y la distancia es grande". No puedo llevarte conmigo. Espera alguna caravana".
-"Te haré próspero en el lugar de tu destino. Soy comerciante rico..."
El beduino, al notar las manos secas, aferradas al morral de su cuerpo, le inquirió:
-"¿Qué traes contigo que pueda acaso justificar mi sacrificio, en cambio?"
-"Son todas mis riquezas que llevo para multiplicar" Llévame contigo, por piedad. Esto me pertenece".
-"¿Qué traes contigo que pueda acaso justificar mi sacrificio, en cambio?"
-"Son todas mis riquezas que llevo para multiplicar" Llévame contigo, por piedad. Esto me pertenece".
Abrió el mortal y mostró el refulgente oro a la luz del sol ardiente.
-"El peso de tu riqueza te matará. Dámela a cambio de un sorbo de agua por día. Sobre los lomos de mi bestia aliviará tu sufrir. Es lo justo, hermano.”
Resignado, le entregó los morrales y consintió en el acuerdo. Prosiguieron más allá del desierto y compartieron agua y ración.
Varias semanas después el comerciante famélico fue dejado junto a un pozo donde abrevan camellos. Le dijo su salvador:
-"Agradece al cielo haber llegado a este pozo, tu verdadero destino". Y se alejó de él.
El comerciante, despojado de oro e ilusión, mendigó en aquella prospera ciudad hasta que la muerte de súbito lo alcanzó.
¿Cuánto valor puede tener la riqueza si se cambia todo ese acopio por un sorbo de vida?
¿De qué manera puede el oro ser virtud y justicia en el tránsito de una corta vida?
¿De qué manera puede el oro ser virtud y justicia en el tránsito de una corta vida?
26.11.18
HR
HR

“El valor real de las riquezas, es la vida misma. Desperdiciarla por la ambición retraerá fuerzas y un propósito digno de vivir para la edad postrera. Aún cuando se intente sobrevivir durante el tiempo de la siega, el peso de la enfermedad o de la desesperanza terminará con esa desaprovechada vida.
ResponderBorrarEscribirán en su epitafio: ‘Aquí yace alguien que murió en el intento’”
HR
Que lindo poder leerte por aquí....siempre tan acertado comentario y/o pensamiento.
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