Sobre el instante que otorga la Virtud




“Toda acción tiene una reacción”, según la ley natural de la vida.
Las acciones humanas se deben a motivaciones. (“¿Qué me motiva a decir o a hacer algo?”)
La cuestión planteada y la respuesta a ese indagar identificará el destino de toda acción. Si existe esa oportunidad de vislumbrar cualquier motivo para cualquier acción habrá una consecuente pregunta: “¿qué espero conseguir?”

Si la razón cultivada en Virtud tiene influencia sobre una voluntad humilde, el instante aquel le permitirá consentir o rectificar ese motivo. El tiempo, que es la suma de instantes, indicará por las consecuencias o reacciones si aquella motivación fue o no eficiente para un propósito altruista, propio de una voluntad que procura bienestar para sí mismo y para los demás, o simplemente la satisfacción infructífera de un deseo limitado por una ventaja egoísta.
Entonces el momento, el instante más valioso para aquel espíritu habrá sido ese que lo censuró o aplaudió para rectificar o no un camino.

La senda hacia la felicidad productiva se hace evidente gracias a esa pausa, a ese instante de sabiduría guiada por gracia, y capturada por una razón sensible y educada, en cualquier instante, y siempre en favor de un espíritu dispuesto a la justicia y a la virtud.

26.11.18
HR

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