2. La Virtud desde una cátedra
2. LA VIRTUD DESDE UNA CÁTEDRA
—¿Conoces, profeta? ¿Has oído acaso del sabio que, mejor que nadie, habla acerca del buen dormir? Sabe también mucho sobre la Virtud. Es admirado por nosotros, los mozos que le seguimos por doquier.
Animado el Arcano, quiso acudir él mismo a la cátedra de aquel sabio. Fue oculto entre los jóvenes. Así habló aquel sabio:
«¡Pudor y respeto para dormir!
Apartaos de los trasnochados que ejercen el mal dormir. Evitadlos a toda costa.
Hasta el ladrón es pudoroso para dormir. Vedlo: llega a hurtadillas, de incógnito, silencioso de noche, mientras que el sereno, impúdico, vaga y pregona su presencia con trompeta.
Dormir, ¿es arte pequeño? ¿No es menester desvelarse el día entero?
Diez veces habrás de superarte tú mismo. La adormidera del alma es su propia fatiga.
Diez veces volverás a reconciliarte contigo mismo. Amarga es toda superación: mal duerme quien no se reconcilia.
Diez verdades debes hallar durante el día. Insiste, sigue buscando diez verdades durante la noche, para tu alma hambrienta.
Diez veces ríe durante el día, y sé alegre: de otro modo el estómago te atribulará de noche.
Os deslizo un secreto: ¿es necesaria la virtud para dormir bien? ¿Doy falso testimonio? ¿Cometo adulterio? ¿Me seduce acaso la sierva de mi prójimo? De ser así, ¿dormiría bien?
Y aunque yo me ufanara de poseer todas las virtudes, menester sería comprender una sola cosa: ¡mandar a dormir a las virtudes todas!
¡No vaya a ser que ellas, las bellas doncellas, disputen sobre vosotros, desventurados!
Pax cum Deo et cum proximo: es menester para el buen dormir. ¡Pax, etiam cum diabolo vicini! Guardaos de su rondar de noche.
Someteos a la autoridad, como indica el paulino, incluso a la autoridad torcida. ¡Es menester para el buen dormir! ¿Me culparán porque al poder le encanta cojear sobre sus piernas torcidas?
Aquel «pastor que me conduce a verdes pastos y me lleva a frescas aguas», ¡ese es el mejor! Ese se aviene al buen dormir.
¡Poco honor deseo y ningún gran tesoro: eso inflama el bazo! Mas mal se duerme sin un buen nombre y sin un pequeño tesoro.
Prefiero un puñado de compañeros antes que la multitud de los malvados, pero que vengan y se vayan en el momento oportuno. Esto me significa el buen dormir.
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque procuran el sueño. Concededles la razón: en ella está su bienaventuranza.
El día del virtuoso transcurre. Al llegar la noche invoca el buen dormir. ¡Pero el dormir, el Señor de las Virtudes, no desea ser invocado!
Reflexiono en mis hechos y pensamientos bajo el sol. Rumio como la vaca y me interrogo: ¿cuáles han sido tus diez logros?
¿Cuáles las diez enmiendas, las diez verdades, las diez risotadas con que mi corazón me regocijó?
Meditativo así, entre cuarenta pensamientos, súbitamente me asalta el dormir, aquel no invocado, aquel Señor de las Virtudes.
El dormir llama a la puerta de mis ojos pesados. El dormir toca mi boca, y ella queda abierta.
Viene a mí, sigiloso, en puntillas, el ladrón entre los mejores ladrones, y me roba mis pensamientos. Me quedo tonto y de pie como esta cátedra.
Permanezco así un instante más. Luego duermo.»
El Arcano lo escuchaba con secreto regocijo. Ya con la luz en el horizonte, se dijo:
«Viejo necio es para mí este sabio, distraído en sus cuarenta pensamientos; mas lo admito: comprende bien sobre el buen dormir.
¡Bienaventurado quien habite cerca de este sabio! Semejante dormir, ¿no contagia? Aun a través de un grueso muro contagia. Su cátedra está hechizada. No en vano los mozos se han sentado ante este predicador de virtud.
Dice su sabiduría: "velad para dormir bien". En verdad, si la vida careciera de sentido y hubiera yo de elegir un sinsentido, este sería el más digno de elección.
Otrora la búsqueda de maestros de virtud… ¡buen dormir es lo que se buscaba! ¡Virtudes para adormideras!
Toda la sabiduría de estos sabios de cátedra es una: dormir sin sueños. No conocen otro sentido de la vida.
Te acostarás y dormirás dulce sueño; no tendrás temor de repentinos temores…
Así dormía él: sin soñar, como un niño o como un gran sabio.
Hay aún eremitas como este predicador de virtud, menos honestos.
Se incorporan un instante. Luego se tienden.
¡Bienaventurados los somnolientos!
Para los despiertos no hay lecho.
Vedlos:
Duermen.»
22.08.26
LV
De “El Ocaso del Arcano”: 2. La Virtud según un sabio (Adaptación para la música incidental escénica de: Also Sprach Zarathustra. Von den Lehrstühlen der Tugend)
Comentarios
Publicar un comentario