Consuelo al teléfono inalámbrico


Consuelo al teléfono inalámbrico

 

No fue del todo tu culpa.
 
Sonaste persistente y sistemáticamente de tímpano a tímpano.
 
Nadie te invitó a nuestra soledad escapista,
a nuestras cuitas de fin de día.
 
Si hubieses sospechado,
si hubieses advertido que en aquella tarde
la paciencia colmada rebalsaba de cansancio y sopor
la trayectoria de tu destierro
 
no hubiera rebotado en el sofá, luego en la alfombra
a 230 millas por hora
para esconderte -quién sabe-
de la reacción impetuosa
que da fe de tu destierro
y tu indeseable intromisión.
 
(Hubo por suerte un sofá entre la cólera y la pared)
 
Si vas a vestir de heraldo
con redoble y campanilla
 
advierte antes (con el rabillo del ojo)
un frasco de cápsulas sobre la mesa
un poema
y a un poeta de pipa y pantufla
ensimismado en los estados alterados en tiempos de guerra.
 
Lima, a los 11 días de mayo. Año 2005. 23:28
 
 
Luego de dilucidar con Ricky sobre la ética caótica del cumplimiento protocolar del deber y la ética Nazi durante el holocausto, a propósito de las ejecuciones justificadas por un alto mando en Vietnam debido a la muerte de un sargento de los Marines de la USA (el grito de "fuego" dentro del cine).
 
(Escrito con casco y mirada vaivén apenas visible desde el borde de una mesita) 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables

Rosa de mi sueño

Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz