Sobre la intolerancia "ad hominem" y reclamos de identidad



Sobre la intolerancia "ad hominem" y reclamos de identidad

 

Leí en una pared: «...Sobre los 'ad hominem', no lo son. Son refutación a opiniones de personajes de ficción: HR, LV, Zaratustra Bamba... {...}. Ninguno firma con nombre y apellido. No se puede hacer ad hominem a un seudónimo o a un personaje. El 'seudo-gurú': me refiero al personaje de ficción que habla como ZARATUSTRA BAMBA, creado por un desconocido tal LV. Ese discurso nada tiene que ver con el libro de Nietzsche histórico. En todo caso es un Zaratustra Apócrifo» E. Rada.
 
 
¿Será una falacia “ad hominem” en el sentido lógico formal?
 
¿Será un recurso argumentativamente irrelevante y falaz en la práctica?
Si se usa para descalificar una tesis real, amén de la identidad de quien suscribe, ¿lo es?

¿Por qué formalmente no sería una falacia ad hominem calificar a «opiniones de personajes de ficción: HR, LV, Zaratustra Bamba» si en realidad fueran de ficción? ¿No consiste esta falacia en atacar a la persona que formula el argumento, para refutar una tesis, en lugar de atacar la tesis misma?

Para que exista un “ad hominem” clásico, ¿será menester un «interlocutor real» con biografía, intereses, contradicciones o defectos morales reales?

¿Un personaje de ficción tiene existencia ontológica en el mundo real?
¿Un personaje de ficción tiene una psique real, una biografía fuera del texto?
¿Un personaje de ficción es un sujeto de derechos, méritos o desméritos en una discusión lógica?

En la afirmación: «La opinión de Hannibal Lecter sobre la ética es falsa porque es un caníbal», ¿habrá falacia “ad hominem” contra una persona real?

Al hacer un análisis de coherencia interna del personaje, válido dentro del relato, pero que no afecta en nada a la verdad o falsedad de la proposición ética en el mundo real, ¿hay falacia?

¿Es «válido» argumentativamente atacar a un personaje ficticio? Si el debate es intra-ficcional —es decir, dentro de la obra, donde existe construcción dramática—, ¿habrá falacia “ad hominem”?

Si en una novela policíaca el mayordomo dice «el asesino es zurdo», conociendo que el mayordomo es mentiroso, desestimar su opinión por su carácter y fama mitómana, ¿habría falacia en el tejido de este juego narrativo? Ergo, ¿hay falacia?

Si el debate es extra-ficcional —es decir, filosofía, política, ética en el mundo real—, ¿habrá falacia “ad hominem”?

Si alguien usa a un personaje ficticio, como el «Gran Hermano» de Orwell o el «Dios» de ciertas alegorías, como portavoz de una idea, y alguien responde «esa idea es mala porque ese personaje es tiránico y estúpido», ¿habrá falacia ad hominem o un error de relevancia? Lejos de refutar la idea, ¿no hay un insulto a un constructo literario?

¿Cae entonces en algún tipo de falacia la calificación a «opiniones de personajes de ficción: HR, LV, Zaratustra Bamba»? ¿Hay aquí una «falacia genética» o una «falacia de autoridad invertida» por suplantación?

¿Escondía Pablo Neruda una falsa identidad o era un seudónimo adoptado? ¿Cómo lo atacaba la prensa conservadora cuando hacía pública sus ideologías?

Siendo que «Pablo Neruda» era un seudónimo, ¿no lo convirtió en su nombre legal su propio autor, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto? Al adoptar el seudónimo para ocultar su actividad literaria de su padre, don José del Carmen Reyes, quien no apoyaba sus aspiraciones de ser poeta, ¿tuvo razones justificadas que recaían únicamente en él?

Al tomar el apellido «Neruda» del poeta checo Jan Neruda, sin aún haberlo leído en su juventud, y añadir un toque de misterio que él mismo alimentó con respuestas evasivas, ¿tuvo razones justificadas que recaían únicamente en él?

Al adoptarlo legalmente el año de 1946, cuando realizó el cambio oficial y comenzó a usar legalmente el nombre de «Pablo Neruda», ¿tuvo razones justificadas que recaían únicamente en él?

La prensa conservadora chilena, especialmente el diario El Mercurio, ¿no atacó a Neruda principalmente mediante la manipulación y censura de sus declaraciones, como claro ejemplo de falacia “ad hominem” y de ataque a su ideología? A los pocos días de su muerte en septiembre de 1973, y tras el golpe de Estado, El Mercurio, al publicar dos entrevistas que habían sido manipuladas —eliminando todos los pasajes en los que Neruda expresaba su compromiso político y defendía el carácter democrático del gobierno de Salvador Allende—, ¿se atacaba a un personaje que dio principio a uno ficticio o a uno ficticio encarnado en un personaje real?

¿Cuál sería el truco retórico peligroso que ocurre a menudo? ¿El personaje ficticio no suele ser un «testaferro» u «hombre de paja» del autor real? Al atacar al personaje para desacreditar al autor, porque se sabe que el autor se identifica con aquel personaje, ¿se incurre en una falacia “ad hominem” encubierta, porque el blanco real del ataque no es el personaje, sino la persona que lo escribió? En tal caso, decir «Deja al personaje, refuta el argumento que el autor pone en sus labios», ¿no es mejor?

¿Conoce el detractor al autor del blog donde figura la firma «HR, LV» y posee, en consecuencia, elementos para emitir juicios de valor sobre él? Sería provechosa, como ejercicio de intelectualidad honesta, la indagación previa. Pero, además, ¿sabe algo sobre su intencionalidad —narrar en entregas noveladas, en clave literaria— el marco circunstancial de hechos reales, vividos con un personaje real en una casona que fue igualmente real?
 

En este sentido, «HR» ¿es abreviatura del autor, una firma literaria o un modo de preservar el anonimato? Quien suscribe este texto y lo vincula a un blog público y permanente, ¿se presenta como un interlocutor responsable, dispuesto a responder y a matizar sus afirmaciones? Cabría recordar que conocemos a Sócrates, casi exclusivamente, por el testimonio de Platón; que un interlocutor no se presente con nombre completo no invalida su existencia, sino que sitúa el debate en el terreno del testimonio, que también exige examen y contraste.
 

Escudarse en la ficción para eludir el examen de las propias tesis es reafirmar un personaje de ficción. Luego, si «HR» es un autor real en el testimonio de quien signa el blog, ¿es apto para someterse a discusión?
 

Herr Rainer, ¿es real? «Herr Luis», «Villa Filomena», ¿son constructos literarios o topoi reales, comprobables? Dilucidarlo no es una cuestión ontológica pura, sino que depende de quién lo testimonie y bajo qué condiciones. Por tanto, el diálogo exige un emisor responsable. La pregunta no es epistemológica —«¿afecta a la verdad?»—, sino ética y dialógica: «¿quién habla?», «¿quién suscribe a HR?». ¿No es esta la cuestión?
 

El problema no es si cabe ad hominem contra un seudónimo —en sentido estricto, no cabe, porque «HR» no es seudónimo, sino una firma o inicial—, sino qué condiciones debe cumplir un interlocutor para que el diálogo sea posible: disponibilidad para responder, permanencia en el tiempo y asunción de las consecuencias de lo dicho. Una firma atribuida a «HR», ¿las cumple? ¿Quién lo testimonia?
 

La mejor práctica, ¿no consiste en dejar al personaje, refutar el argumento que el autor pone en sus labios y aceptar su blog como un «acopio memorístico de cosas desperdigadas aquí y por allá, a propósito de mi entrañable amigo, el Señor Rainer...»? Porque, al final, lo que queda en pie no es el nombre que firma, sino la fuerza de las razones que ofrece. Si esas razones son débiles, no hará falta invocar la ficción para derribarlas; bastará con examinarlas.

Al afirmar que «El Arcano» es una suerte de lúdico «Zaratustra Bamba» —es decir, en el argot criollo local, un “impostor”—, ¿no se desliza desconocimiento al ingenio creativo de alguien real que intenta trascender el texto alemán del “Also Sprach Zarathustra” a una adaptación castellana denominada «El ocaso del Arcano» con la intención de ser representada? ¿Qué razones de decencia y autoridad le conferiría a un detractor la censura de una adaptación literaria, salvo que se vea este acto como una suerte de profanación para no ser adaptado?
 

«Ich möchte Sie bitten, lieber Herr, alles zu ertragen mit Vertrauen und Liebe, wie es kommt, und die Fragen selbst nicht zu lieben. Schließen Sie sie nicht zu mit voreiligen Antworten. Man muß die Fragen leben. Vielleicht leben Sie dann allmählich, ohne es zu merken, eines fernen Tages in die Antwort hinein».
 
«Quisiera pedirle, querido señor, que tenga paciencia con todo lo que queda sin resolver en su corazón y que trate de no amar las preguntas mismas, sino vivirlas. No busque ahora las respuestas que no pueden serle dadas porque usted no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva las preguntas ahora. Tal vez viva usted entonces, gradualmente, sin darse cuenta, un día lejano, la respuesta».
— Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, 23 de abril de 1903.
 

Cabe imaginar, sin embargo, la siguiente réplica por parte de quien defiende el ad hominem contra personajes:

«Sobre los ad hominem, lo son. Son refutaciones a opiniones de personajes que eligen mencionar en sus escritos a 'HR, LV, El Arcano'. Se da fe de una identidad y es posible hacer ad hominem a un personaje oculto en un seudónimo. El 'seudo-gurú', aludido es en realidad un personaje literario que habla como Zaratustra en una identidad paralela de ficción denominada “El ocaso del Arcano”, creado por LV y publicado en un blog de dominio público consignable. Esta serie se inspiró en el libro del Nietzsche histórico, es evidente.
 
¿Se tratará entonces de una relectura cristiana del Zaratustra aquella serie denominada ‘El ocaso del Arcano’? Quizás, no como una lectura patológica de su derrumbe, sino como una licencia poética ante su destino que quiere ver en los umbrales de su último destello de lucidez una intuición de la trascendencia como enmienda, un instante donde la inmanencia contuvo la respiración antes de que el silencio definitivo clausurara todo debate».


20.08.26
07 Elul, 5786
HR

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