Sobre dos "cuestiones de prioridad diabólica"





Sobre dos "cuestiones de prioridad diabólica"

 
Leí en una pared: “DEPENDENCIA” / Si EL GURÚ ERES TÚ/ Qué diablos importa/ Si Jesús existió o no/ Y si Hitler dijo o no dijo/ Lo importante es lo que/ Tú a ti mismo te dices/ Y lo que haces con eso/ Para crear humanidad: / ¡INTERDEPENDENCIA!
 
 
¿Le importará al diablo si “Jesús existió”?
¿Le importará al diablo si “Hitler lo dijo o no”?
 
 
¿Hace un “gurú” a quien se habla a sí mismo al espejo?
¿Hace un “gurú” a quien “hace para sí mismo” lo que se dijo en el espejo?
La interdependencia, ¿crea humanidad?
 

La resolución de esta afirmación, ¿pasará por abandonar todo “ruido exterior” para asumir la inmensa responsabilidad del mundo interior?
 

Será menester, por tanto, decidirse por aquel descenso valiente hacia uno mismo.
 

Lo verdaderamente "diabólico", ¿será aquella entidad mítica? Piense usted en la distracción. Todo aquello que lo saque de su centro y lo haga buscar salvadores fuera de usted mismo, ¿qué pretendería?
 

Asumiendo al diablo como metáfora de la distracción y la evasión, ¿no le “encantaría” acaso que usted se pierda en debates académicos infecundos sobre la historicidad de Jesús? Mientras discute usted si existió físicamente o no, ¿evita usted el trabajo arduo de buscar aquella divinidad, aquel amor y aquella redención dentro de su propia alma?
 

Comprendiendo el deseo de ser advocatus de una fe, ¿cuán fecundo podría ser aquel afán bienintencionado de “declarar verdades” por argumentación? Tratar de "convencer" a alguien para que abrace una verdad revelada o una postura agnóstica a ultranza, ¿será inútil porque ambos son, en el mejor de los casos, certezas temporales de quien las recomienda?
 

Si son posiciones existenciales, ¿por qué no serían entonces teoremas que se deban demostrar? La respuesta a las grandes inquietudes fenomenológicas y existenciales, ¿proviene acaso de un silogismo? ¿Vendrá de la experiencia acumulada y del tiempo? Repare en esto: la vida —con su "dieta" de dolor, belleza, pérdida y asombro— ¿no lo va empujando sutil e imperceptiblemente a adoptar un marco para interpretar su mundo? Quedarían por tanto aquellas narrativas con las que lograría usted empatía cognitiva: las que ordenan su caos interno y le dan coordenadas para actuar.
 

Respecto a Jesús de Nazaret, el debate histórico sobre si fue un buen rabino galileo, un esenio, un Mesías anunciado por el profeta Isaías o una construcción teológica posterior, ¿no son estas cuestiones legítimas y necesarias para la academia? El criterio más relevante, piénselo, ¿no estará acaso en el efecto de quien, voluntario, se somete al ejercicio de la fe?
 

Independientemente de cuál sea la reconstrucción histórica más precisa, lo innegable en un personaje notable e histórico, ¿no estriba en la influencia de la figura y de sus enseñanzas? Una influencia que generó hospitales, universidades, códigos éticos, arte, y millones de actos de compasión y perdón a lo largo de 2000 años, por su impacto social y cultural, ¿le dice a usted algo?
 

Un mito, ¿podría generar mártires? Una idea puramente política no sobrevive 20 siglos transformando individuos. Sea cual sea su origen, el "evento Jesús", ¿produjo o no produjo un cambio real en la conducta humana? ¿No se evidencia acaso en el fervor “del más ateo de entre los ateos” de una comunidad al huir de morir aplastado en su casa, arrodillado y lloroso durante un terremoto de grado 7 en la escala de Richter?
 

Y al final, este ¿no es el dato que cada persona evalúa desde su propia experiencia para decidir si le sirve como camino, como símbolo, o como historia? En el ideario del Cusano, diríase que cada persona, en definitiva, elige con qué lados querrá “redondear su propio polígono” inscrito en la finitud o infinitud de pi (3.1415…).
 

¿Le importa al diablo si Hitler “lo dijo o no”? De manera similar, el mal, ¿no es cierto que prospera en la parálisis y en la fijación por las palabras de los tiranos? Si usted se obsesiona con las citas exactas de las figuras oscuras de la historia, ¿olvidará “por decantación” que la semilla de la crueldad —y la capacidad de resistirla— reside en las decisiones diarias del ser humano común? Lo que importa, ¿será la cita en sí o su vigilancia interna para no permitir que el odio le eche raíces a su propia mente?
 

¿Hace un “gurú” a quien se habla a sí mismo al espejo?
Hablar frente a un espejo puede ser un sencillo acto de vanidad, un eco superficial o un engaño del ego. ¿No sería mejor que se invitara a mirar, antes que superficialmente, a "entrar en usted mismo"? Para encontrar a ese guía interno (el denominado "gurú"), al descender hacia las profundidades de su propia soledad, escuchará “el silencio” y se enfrentará a sus propias oscuridades sin la comodidad de una imagen reflejada. Entonces le resonará un eco: “¿soy una persona cultivada? ¿Soy como un niño que admite estar consciente de no saber? ¿Debería escribir o no “poemas de amor”? ¿Hay todavía mucho por saber para ascender al siguiente peldaño de certeza temporal? ¿Me ufano de poseer la “verdad absoluta”? ¿Puedo de otros también aprender?”
 

El espejo devuelve la apariencia; el gurú nace de la esencia.
 

¿Hace un “gurú” a quien hace para sí mismo lo que se dijo al espejo? Si lo que usted se dijo en aquel estado de introspección profunda e insobornable lo lleva a actuar, ¿será usted un converso a partir de sus propias acciones? Entonces sí, se convierte usted en su propio maestro, asistido por quien alguna vez en el pasado le recomendó mirarse en un espejo.
 

Crea usted profundamente en aquella necesidad de vivir a la sombra de sus preguntas y actúe usted conforme a la verdad interna que descubrirá, asistido y gradualmente en soledad. El tomar acción sobre su propia verdad, ¿no es acaso lo que rompe la dependencia de doctrinas externas?
 

La interdependencia, ¿crea humanidad? Es posible, pero bajo una condición vital. La dependencia, el seguir ciegamente a otros, ¿no equivaldría a seguirle la jugada a aquel travieso diablo? La independencia asistida para ser su propio guía, ¿no lo llevará a lograr una interdependencia social eficiente?
 

La mayor forma de conexión ocurre cuando “dos soledades se protegen, se limitan y se saludan mutuamente". Para crear una verdadera humanidad (interdependencia), será oportuno preguntarse al espejo: “¿soy un individuo completo que se conoce a sí mismo?”. Cuando personas que son dueñas de sí mismas se unen —lejos del utilitarismo de usarse mutuamente o para llenar vacíos, sino para colaborar desde su propia plenitud—, ¿sería posible lograr la forma más elevada y resistente de humanidad?
 

Al transitar de la "dependencia" a la "interdependencia social", lejos de hallar a un líder carismático seguido ciegamente, toda una comunidad de individuos unidos por las mismas necesidades, aunque con diferenciadas actividades y formas de pensar, ¿se convertiría en sus propios “gurús”, actuando sobre su verdad interior para crear humanidad, al proyectar un vivo y necesario interés por el mutuo semejante?

Véase temporalmente usted abordo de una nave a vela que enfrenta aquel legendario mar al sur de África, donde las olas rompen con una furia devastadora: el Cabo de Buena Esperanza o Cabo de las Tormentas, en la península de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Más allá de tener que luchar contra la naturaleza para no zozobrar, será su viaje existencial de alma con la comunidad humana abordo.
 

Véase, la tormenta feroz los amenaza, con su cielo cargado de nubes negras y un mar agitado por olas colosales, aquella verdadera "oscuridad interior" y el "ruido exterior" de las dudas, los debates estériles y las prioridades diabólicas que querrán desviar la nave del ser. El relámpago en el horizonte, como metáfora de la distracción y la evasión que el diablo simbólico fomenta para alejarlo de su centro. En lugar de perderse en discusiones académicas infecundas, la nave y su tripulación están "viviendo a la sombra de sus preguntas", enfrentando resueltos la crisis con la urgencia de la acción.
 

Véase una figura imponente, la del capitán en la popa, uniformado y de pie desafiando la tormenta, pero no como salvador externo, sino como guía de la consciencia que ha descendido a su propia soledad, un "gurú interior" que ha escuchado el silencio: la independencia asistida que guía el todo, actuando no por doctrinas externas, sino conforme a la certeza interna descubierta. El plano o carta de navegación en la mesa, lejos de ser un “mapa académico”, representa las "coordenadas para el actuar en peligro de zozobra", basadas en la experiencia acumulada, el tiempo, el marco para interpretar el mundo y ordenar el caos interno.
 

Véase a la tripulación como “interdependencia social eficiente”. Ellos en cubierta, tirando al unísono de un mismo cabo sin ser seguidores ciegos (“dependencia”). Son "soledades que se protegen y saludan mutuamente", unidas en una interdependencia social eficiente de supervivencia. Cada individuo es un ser completo que conoce su papel, y se unen para colaborar desde su plenitud, desde su máximo esfuerzo, pero no para llenar vacíos. No se "utilizan" mutuamente porque están unificados por un propósito mayor: la supervivencia colectiva. Su esfuerzo heroico es el "trabajo arduo" de buscar redención (sobrevivir) en lugar de los naufragios por los arrecifes de los debates estériles.
 

Véase a los marineros que escalan los obenques de la jarcia para asegurar las velas arriadas. Imagínelos: son “el ascenso en el descenso” valiente dentro de uno mismo, el enfrentamiento de la oscuridad interior a gran altura, y también el peligro de la introspección profunda. Sus acciones en la altura están intrínsecamente ligadas a la acción social en cubierta.
 

Véase un texto visible en la popa: el nombre y consigna premeditada de aquella nave, "TRIUNFO", como sello de este logro. El triunfo de la interdependencia social sobre la dependencia y la distracción diabólica. La prueba de que un mito, una idea unificadora, puede generar mártires (esfuerzo heroico). Aquella nave cuyo nombre es "Triunfo", es el "polígono redondeándose ad infinitum": el colectivo de una civilización que, perseverante, ha alcanzado la madurez a través de la interdependencia social. El "evento" de la supervivencia es la prueba de aquel fervor. La resolución de esta afirmación ha pasado por abandonar el ruido exterior y asumir la inmensa responsabilidad del mundo interior.
 
 
Quizás por ello,
“DEPENDENCIA” / Si “EL GURÚ” PRETENDE SER USTED/ le importará al diablo / “Si Jesús existió o no” / Y también “si Hitler dijo o no dijo” / Lo importante para sortearlo / Será lo que Usted a sí mismo se diga/ Y lo que haga con eso/ Para crear humanidad: / ¡INTERDEPENDENCIA SOCIAL!
 
06.08.26
23 Av, 5786
HR 

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