Sobre el epílogo de un libro no lacrado






Leí en una pared: “Esa edad, esos años que despacio aparentemente se van acercando al epílogo de la vida...”
...

¿Cuál es la finalidad de un libro abierto?

¿No fueron vuestros padres los “prologadores”, entusiastas heraldos que abundaron en elogios y anhelos desmedidos? Vea usted: lo vieron a usted como un libro en blanco.
...
Las hojas blancas, esas escritas por la experiencia diaria... ¿no las ha percibido acaso?
¿Cuál entonces vuestro argumento?
¿Cuál entonces vuestro desenlace?
¿Cuál entonces vuestro epitafio?
...
Alguien prudente, ¿no cree que vigila el "cómo caminar" por los senderos trillados de su vida?
También, tome usted nota, vigila éste que su andar sea como aquel que tiene la certeza de vivir su vida en forma responsable.
...
Habrán muchos borrones, muchas enmiendas, muchos logros.... escríbalo todo, no esconda nada, porque otros lo harán por usted especulando cuando usted ya no esté.
...
Haga de aquel llenado, hoja tras hoja, un trabajo eficiente con asuntos dignos para usted y para quienes lo aman, dignos de ser conmemorados. La escuela del error también previene del dolor que causa la insensatez.
...
Así,
“Esa edad, esos años que despacio aparentemente se van acercando a la realización de toda una vida...”
...
¿Cuál habrá sido finalmente el propósito de vuestro libro culminado?
No podrá usted lacrarlo.

Vuestros lectores y sucesores se inspirarán en cada oracion que usted escriba, como jueces o humildes aprendices.

20.05.2019
15 Iyar, 5779
HR

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