I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables -Ser “insaciable”, Herr Rainer, poseer aquel apetito extremo y constante para esas necesidades comunes de nosotros, los mortales, resulta ser el motor de nuestro existir. La natural apetencia nos obliga a saciarnos. En términos del conocimiento, -pienso yo-, la naturaleza nos empuja a querer saberlo todo, hasta satisfacernos. Pero al satisfacernos, al cabo de un tiempo volvemos a la insatisfacción. ¿Cuál cree usted que sea el límite de esta vorágine? -Usted pone el límite a sus propias necesidades. ¿Alguien acaso se atrevió a teorizar sobre los “límites de la saciedad”? El apetito diario hace que una persona nunca se sienta llena. En términos del desenfreno hay un gran interés por comer sin parar. ¿Cuál entonces será el límite de un glotón? -El hartazgo, supongo, lo obligará a detenerse. -Y la curiosidad, ¿no es acaso insaciable? Alguien que siempre quiere aprender más y nunca se conforma con “ripio”, con el c...
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