Sobre el pacto perpetuo para convivir





Leí en una pared: “No te acostumbres a nadie. La gente va y viene. No te encariñes, no te ates, no prometas, no te quedes. Hazte un favor y aprende a vivir sola”
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Aquel consejo bienintencionado, ¿no es eco, grito desgarrador de un espíritu que previene maltrato? Cuando la experiencia dolorosa recomienda, ¿qué la podría confortar?

Las rupturas de los pactos afectivos, ¿no han hecho raras a aquellas excepciones que triunfaron en el amor?
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Las bandadas de aves migran bajo el comando de un alfa guía. 
El cardumen en los océanos instintivamente, y las ballenas también. En comunidad existe entre ellos un pacto de convivencia para sobrevivir y transmitir vida.
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Los seres humanos se reproducen, viven en sociedad como todo proceso vivo. A diferencia de los irracionales tienen que aprender a convivir porque deciden en libertad.
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Por tanto, aprender a convivir es el inicio que refuerza la primera escuela vivida en el hogar de los padres.
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La unión de dos seres adultos libres y racionales en albedrío, ¿qué la motiva? ¿Es posible entre los humanos perpetuar convivencia?
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Ambos acuerdan sacrificar independencia para compartir la vida que les queda y pactan por ello ser uno para el otro.
“...porque a donde tú vayas yo iré, y donde tú pases la noche yo pasaré la noche. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Elohim será mi Elohim. Donde mueras tú, yo moriré, y allí es donde seré enterrada” (Rut 1: 16,17).
De esta forma, como Rut la moabita, la soledad de uno se convierte en la soledad de dos.
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Concuerdan también en ser sinceros, afectuosos y atentos al bienestar mutuo: dos seres diferenciados, unidos voluntariamente en propósito y afecto.
¿El vínculo? El más perfecto de unión: amor.
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¿Existe algo que pueda poner fin a ese voto?
Sí, el “hacerse (concederse) un favor”, sin considerar que el egoísmo en ambos murió cuando el altruismo en ellos nació.
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Acostumbrarse a ese “alguien” distinto ha logrado la permanente unión. La convivencia, por tanto, ¿no es la noble convicción del triunfo del amor?
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Así,
“Si busca usted compañia, acostúmbrese a alguien que sea afin y probo. El más idóneo para usted no siempre estará. Encaríñense, vincúlense, hágan votos, avancen. Hágase usted un favor y aprenda a vivir correctamente acompañado”
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Los sobrevivientes, únicamente ellos, pueden dar fiel testimonio del beso y abrazo prolongado que cesa con la muerte.

Disfrutan: gozan cuando hablan con sus amistades de aquella correspondida y ejemplar integridad.

16.05.2019
11 Iyar, 5779
HR

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