Sobre los juicios hepáticos


Leí en una pared: “Cuando alguien merece ser mandado al diablo, no hay que dudar en hacerlo; la diplomacia es para las embajadas”
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¿Quién determina lo que alguien “merece”? 

¿El sentido común? ¿El estado de ánimo? ¿La opinión colectiva? ¿La justicia divina?
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La diplomacia, ¿no salvaguarda tan solo formas? Lo que no puede es esconder la actitud, es decir, el asomo del yo real develado por la incontinencia del carácter.
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Cuando se “arroja” a alguien al diablo, ¿no se priva a alguien de un justo y verdadero juicio? 
Quien arroja es un juez. El diablo y sus secuaces ya están condenados. ¿No es mejor advertir, por tanto, la comparecencia ante un verdadero magistrado?
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El primer juez, la conciencia, ya dictaminó al advertir y señalar presta un propósito de enmienda. Desatender a este primer magistrado ha llevado a muchos tras las rejas y a otros a fosas comunes.
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En realidad el mayor juicio ¿habrá llegado? Los jueces hepáticos ya olvidaron que alguna vez fueron juzgados y también condonados. De allí que sigan vivos, gozando de la libertad de los perdonados.
En estas condiciones, ¿es admisible el juicio adverso y sumario de un inculpado?
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Es mejor hacer caso de las calmadas palabras del sabio que de los gritos del que gobierna entre los tontos
(Eclesiastés 9:17)
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Aunque el daño sea irreparable, saludable será deponer venganza y procurar la equidad, la firme condena ante la Justicia: quizás en primera instancia ante un funcionario público que juzga insobornable e inspirado en el Juicio divino.
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La imprecación, por tanto, ¿será útil? Bastará con un espaldarazo (“¡Vade retro!”), porque la salud del hígado, para efectos prácticos, ¿no es más importante que las consecuencias de un temperamento desbocado?
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Por tanto,
“Cuando quiera usted a alguien mandar al diablo, ¿dudaría hacerlo primero ante un espejo? Evite entonces hacerlo. La diplomacia para excusar e imprecar sarcasmo suele darse en las embajadas”

La dolencia hepática o el goce pleno de dicha, junto con más años gozados, serán las respuestas a una reacción imprudente o por un sereno aplacar el ánimo ante una injusta provocación.

11.05.2019
Shabat 06 Iyar, 5779
HR

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