Sobre el don de la verdadera belleza
Leí en una pared:
“Dichoso el amor del ciego que se enamora por lo que siente y no por lo que
ve”.
…
Las afortunadas mujeres que están convencidas que no las asiste la belleza que invoca a Eros, o que sienten no estar a la altura de un estándar aceptado, ¿en que se concentran?
¿Cómo las aventaja la atención en la belleza interna, el encanto que todo ser goza?
…
A ellas se les
quiere porque irradian virtud y dones atractivos para los espíritus afines. La
belleza interna de ellas ¿no las hace acaso bellas también en la carne?
No para el estándar
de las mayorías.
La belleza es don y
la hay en la carne y en el espíritu.
…
En la carne cumple
el rol temporal de atracción y generación de vida.
En condiciones de
imperfección les representa a las más incautas la oportunidad de idolatrarse o
idealizarse en el capullo de seda que cuidan con devoción para elevar el ego a
través de la mirada ajena.
…
La temporalidad de
este efecto las frustrará en los años postreros.
Tarde o temprano, una mujer bella en la carne descubre su verdadera belleza,
cuando inevitable, el tiempo deje huellas que darán paso a la mejor y eterna
belleza: la verdadera razón por la que se le amó, quiso, alabó y respetó en
todo momento: todos los encantos de los dones que aprendió a cultivar en
beneficio de los demás.
A este tipo de mujeres buscan amar los ciegos en Eros: los que palpando y buscando a tientas sienten en ellas el verdadero motivo para ir más allá de lo temporal: una invitación al vuelo por los cielos donde moran las creaciones eternas.
12.01.19
06 Shevat, 5779
HR

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