Sobre la enmienda de un buen recuerdo




Leí en una pared: “Todos nos convertiremos en recuerdo alguna vez... ¡el mérito está en convertirse en un buen recuerdo!”

 

Para llegar a ser un “buen recuerdo”, ¿es necesario un propósito de enmienda?

 

Favor grande le hace a un espíritu indisciplinado la amonestación sincera de un amigo o amiga franca.

La firmeza sincera le sabrá “inoportuna, agria”, quizás “desafortunada”. Pero después la humildad y la sensata razón lo ayudarán a recobrar el juicio: ¡doblegarán a aquella voluntad guerrera!

Por cada herida desgarrada, mirará en el espejo del infortunio de su verdadera esencia.
Y admitirá.


Aceptado el error, comprobará por obediencia el fruto del consejo y se decidirá por la virtud.

Los frutos de sus malas decisiones le significarán lecciones de vida.
Los frutos de sus buenas obras desplazarán las malas por su sabio obrar.

Así confirmará que la justicia hizo de él un alma afortunada, alguien que enfrentará con experiencia las decisiones difíciles.

El propósito de enmienda lo reivindicó y le otorgó autoridad para ayudar, juzgar y disciplinar con interés a los que más ama, motivado por el mismísimo don que lo ayudó.

Cuando ya no esté, aquellos que fueron formados por su justicia y el calor de su tierno amor, escribirán en su lápida: 

“Aquí yace quien es, para los que lo quisimos, un buen recuerdo"...


24.01.19

18 Shevat, 5779

HR

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