Sobre las selecciones afectivas
Leí en una pared: “DEJÉMONOS DE CUENTOS. Si un hombre no te llama, es porque no quiere llamarte. Si no te invita a salir, es porque no quiere verte. Si te trata como si fueras un comino, es porque le importas un comino. Si te traiciona, es porque no le gustas bastante. Si te deja ir es porque no quiere estar contigo [...] RECUERDA: No existe hombre asustado o confuso. Tampoco existe hombre trágicamente afectado por el pasado, ni hombre necesitado de ayuda. Los hombres se dividen solamente en dos categorías: los que te quieren y los que no. ¡Todo el resto es una excusa!”
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Calmando pasiones, ¿Qué aprendemos de quienes gozan de satisfacción, aquellos que se preservan en unidad afectiva hasta que la muerte los separa?
¿Residirá, acaso, aquel triunfo en la serenidad y prudencia que asisten sus decisiones?
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Cuando les tocó evaluar, ¿cómo imagina usted aquella mirada atenta, aquel corazón educado que indaga silente a su prospecto de compañía y complemento perpetuo?
Medítelo, luego imagínelo:
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En amabilidad, ¿es en él o en ella natural? ¿Tiene fama de ser amable con todos? ¿Será amable por conveniencia?
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En respeto, ¿respeta a sus padres y hermanos? ¿Qué opinión tienen sus parientes? ¿Tiene fama de ser respetuoso?
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En compartir, ¿Da con soberbia abundante o es mesurado y generoso cuando otorga? ¿Comprende la bondad de los gestos? ¿Sabe dar con propósito? ¿Administra eficiente sus recursos?
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En afecto, ¿ejerce autodominio con el sexo opuesto? ¿Controla sus manos? ¿Qué reputación se ha ganado entre sus íntimos conocidos?
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En honestidad, ¿suele decir la verdad? ¿Es honrado? ¿Rectifica el error o lo encubre? ¿Existe siempre, y a flor de labios una excusa? ¿Tiene habilidad con los pretextos?
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En temperamento, ¿habla más que lo que escucha? ¿Sabe escuchar?
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En tolerancia, ¿Es paciente por amor? La impaciencia, ¿devela en él o ella actitudes egoístas? ¿Qué concepto tienen los niños de él o de ella?”
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Hallar al complemento en el marco de esta serena y objetiva meditación, inducida por la sana razón, ¿no evitará la mala elección, el sempiterno lamento, el argumento de culpabilidad ajena, las consecuencias de odios agravados y resentimientos que salpicarán a las postreras generaciones?
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El compañero o la compañera de vida son probados así sin que lo imagine. Evaluar las decisiones, ¿no salvaguarda una relación de cualquier desborde de pasión incontrolada o promesas incumplidas?
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Aquella Luz los alejará de las relaciones incompatibles y del capricho dañino que se aferra egoísta a una larga y tóxica dependencia afectiva.
Se podría hablar entonces y con autoridad ejemplar del triunfo del verdadero amor...
06.01.19
29 Tevet, 5779
HR

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