Sobre la identidad del ser y lo que no es



Leí en una pared: “La gente te amará por lo que eres. Otros te odiarán por la misma razón. Acostúmbrate”.

Si el odio destruye y el amor edifica, ¿qué es más sensato en temas de identidad?


¿Procurar la aceptación de las mayorías para conseguir gratuito favor? ¿O quizás comprender quiénes somos y reafirmar aquella conciencia del ser?

¿Cuánto se quiere usted y cuánto está dispuesto a dar? ¿Es posible dar a otros de lo que uno es?

Sin este primer conocimiento, los espíritus se acostumbran a ser falsos y viven la perpetua comedia del desdichado Arlequín, la misma actuación, tan solo porque les complace el aplauso de las galerías sin aportar contenido alguno y sin nada a cambio.

Ser odiado es problema de los que odian. Ser amado es reciprocidad: consecuencia de quien ama y tiene capacidad de dar para conservar y no destruir.

Si hay discernimiento y certeza de identidad, la opción que edifica, ¿no sería por tanto la mejor?

16.01.19

10 Shevat, 5779
HR

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