Sobre los rostros de la divinidad
"Y en cuanto a la semejanza de sus caras, las cuatro tenían una cara de hombre con una cara de león a la derecha, y las cuatro tenían una cara de toro a la izquierda; las cuatro también tenían una cara de águila". (Ezequiel 1:10)
Aquellas criaturas sostienen el carruaje divino, son ellas reflejos de su magnífico Hacedor. Tienen cuatro rostros, uno de ellos de hombre y mira al frente: Querubines.
Un rostro humano, ¿no es el rostro del amor, aquel atributo que más asemeja a una criatura inteligente como reflejo de su Creador?
El león, la justicia, a la derecha: la diestra que empuña una espada.
El poder del toro a la izquierda, en el brazo débil, asistido como por un fornido guerrero.
Por comprensión, la sabiduría, el águila, detrás del rostro humano...
Un rostro humano, ¿no es el rostro del amor, aquel atributo que más asemeja a una criatura inteligente como reflejo de su Creador?
El león, la justicia, a la derecha: la diestra que empuña una espada.
El poder del toro a la izquierda, en el brazo débil, asistido como por un fornido guerrero.
Por comprensión, la sabiduría, el águila, detrás del rostro humano...
El rostro de hombre: sólo en esa mirada, en esa sonrisa expresiva puede leerse al amor.
La sabiduría asiste al amor detrás de ella. Modesta, cumple su labor de consejera, y así preserva de soberbia al ser vivo, que todo lo sabe por gracia divina.
La diestra de justicia, la luz que ilumina a la razón, cual espada que divide y devela la verdad o la mentira, es decir, la apariencia y la realidad: “lo que pretendo ser y lo que en realidad soy”. Sometida a esa Palabra, el lector sabio divide su propia "alma del espíritu", porque por ella "puede discernir sus propios pensamientos e intenciones del corazón".
El poder del hombre mortal, ¿no es acaso el poder del espíritu que todo lo puede, revitaliza, el que da poder al cansado? Las cosas que van más allá de la facultad humana se consiguen mediante la fuerza que todo lo mueve y todo lo puede.
La sabiduría asiste al amor detrás de ella. Modesta, cumple su labor de consejera, y así preserva de soberbia al ser vivo, que todo lo sabe por gracia divina.
La diestra de justicia, la luz que ilumina a la razón, cual espada que divide y devela la verdad o la mentira, es decir, la apariencia y la realidad: “lo que pretendo ser y lo que en realidad soy”. Sometida a esa Palabra, el lector sabio divide su propia "alma del espíritu", porque por ella "puede discernir sus propios pensamientos e intenciones del corazón".
El poder del hombre mortal, ¿no es acaso el poder del espíritu que todo lo puede, revitaliza, el que da poder al cansado? Las cosas que van más allá de la facultad humana se consiguen mediante la fuerza que todo lo mueve y todo lo puede.
Así, las criaturas angélicas reflejan razón y propósito de atributos que en los seres humanos son también reflejo divino:
Cuando se procure sabiduría de arriba, que no parezca suya la enseñanza. Obre discreto y atribúyalo todo a la fuente de la verdadera Luz.
Cuando juzgue, conozca al león en usted: que sea por la espada de aquel espíritu que los justos blanden con la diestra: hábilmente y solo para bien.
Cuando ostente poder por actos que otros no alcanzan, como en el juez Sansón, atribuya la fuerza a la fuente del verdadero poder: "la fuerza que mueve el sol y las demás estrellas".
Cuando ame, dé la cara, mire a los ojos: refleje sincero el atributo más puro, la esencia más sublime de un misericordioso Padre y Creador. Así, amara para ser amado, se juzgará así mismo para tener juicio de justos, atribuirá humilde todo poder a la fuente del poder, enseñara con la lengua de los enseñados y será sabio por el ejemplo: discreto, modesto obrador de bien.
¿Quién aspirará ser en este siglo portador de atributos que reflejen perfectos, luminosos y discretos, el obrar redentor de toda la creación con su magnífico Creador?
28.12.18
20 Tevet, 5779
HR
20 Tevet, 5779
HR

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