Sobre la opinión mordaz




Leí en una pared: “Que no te importe lo que los demás opinen. Tu vida es como un libro cerrado del que los demás sólo ven el título, pero la verdad sólo la sabes tú”.
...

La opinión de los demás, ¿me debería importar?

Si soy espectador, la crítica mordaz me brindará oportunidad de esgrimir argumentos de defensa para “contraatacar intenciones malsanas”, y demostrar así que “nadie se mete conmigo sin salir lastimado... (¡He dicho!)”.


Si soy discípulo y discierno la oportunidad, ¿comprenderé que la opinión ajena pone a prueba la clase de persona que en realidad soy?


Lo que se piensa de mí, ¿qué revela de mi personalidad por las primeras reacciones que dejo ver?


Lo que se piense de mí, ¿aporta virtudes que aún no alcanzo?


Lo que se piense de mí, ¿son criterios que alguna vez señalé de alguien, en mi papel de fiscal y juez?


¿Valdrá la pena responder a una provocación si esa es la real intención?


Las opiniones divergentes, ¿no ponen a prueba, acaso, vuestra capacidad de respuesta? Aquellas críticas, ¿me dejan ver si soy un buen escucha? ¿Valdrá la pena fungir de “luchador que da golpes al aire”?

La suspicacia no hace feliz a nadie: alimenta la sospecha y desgasta al organismo de carne, además de desunir viejas amistades.

La tolerancia, o la “saludable sordera” ante la palabra necia, otorgará pausa y el beneficio de la duda: la oportunidad que toda persona discreta espera para comprender y ver en la crítica mordaz un aliado silencioso que suma.

04.01.19
27 Tevet, 5779
HR

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