Sobre la cuesta empinada hacia Agape




Leí en una pared: "Ayer lo quise, hoy no lo se. Ya nada cuenta, nada vale para mi..."
Vaya usted, consuele...

Cuando se afirma “querer algo” o querer a alguien, ¿comprende aquel espíritu lo que afirma? ¿Está enterado de los doce escalones graduales hacia Agape? De conocerlos y meditarlos podría empezar a comprender la razón y el propósito del por qué se quiere. Y ¿por qué no? a rectificar cualquier camino.

Los diez primeros, instrucción preliminar, los otros dos, realización.
CONTEMPLACIÓN. El oído percibe algo afín; la vista contempla extasiada. Cautivados, oído y vista concluyen sensaciones agradables. (“Interesante”).
CURIOSIDAD. La razón exige motivos, surgen incógnitas, se exigen respuestas. La avidez por información es aquí prioridad. (“¿Quién es?”).
ADMIRACIÓN. El objeto de la atención sorprende, es idealizado. Se ha comparado y la razón le otorga motivos. (“¡Único, única, sobresaliente!”).
APRECIO. Los valores propios y ajenos se comparan: confirman mutua aceptación. La voluntad se inclina a la virtud, y la emoción empaña un poco lo que no es virtud. (“Me agrada”).
CERTEZA. Cree el espíritu estar convencido que nada es igual, que todo encaja; (“ella es", "él es"). Si es humilde, buscará del sabio entendimiento, su siempre acertado consejo: la Contemplación Madura.
INTERÉS. La voluntad busca, la iniciativa aquí es patrón de conducta: rige casi todo su comportamiento y las decisiones son tomadas por convicción. (“Quiero”).
AFECTO: La razón le ha dicho "eres correspondido". La alegría interna les permite aquí compartir infidencias, sentimientos sinceros, indagar en una palabra, en algún gesto, una expresión para buscar la consecuencia, ser reciprocos. (“Me agradas”)
ATRACCIÓN. "Lo mejor para él, lo mejor para ella". La apariencia va a la par con el sentimiento y busca agradar oído y vista para ser correspondido. Eros se hace aquí evidente, casi indomable. (“Me gustas”).
PHILIA. Las voluntades son amigas. Hay libertad para aceptarlo todo, perdonarlo todo, escucharlo todo. La prioridad será la del otro y la propia por nada egoísta. (“Uno para el otro, tal para cual, lo mío es tuyo”).
CONFIANZA. La certeza es inmutable; reina un espíritu de seguridad en ambos espíritus, correspondidos bajo el calor de constantes pruebas. En esta estación se dan en matrimonio y convienen para recibir hijos. (“Por ti mis manos al fuego”).
CARIÑO FRATERNAL. Lealtad, bondad amorosa. La prioridad está confirmada y nada la cambia. Agradar al complemento es el sustento de vida: verlo feliz y unidos en un solo propósito, con sus amadas crías, fruto de ese cariño. (“Eres mi vida”).
AGAPE. "La vida mía por preservar la tuya". Quien actúa con esta actitud de desprendimiento divino ha llegado al amor celestial, abnegado, altruista: el amor sufrido y bondadoso, el que no es celoso, el que “todas las cosas las cree, todas las soporta, todas las aguanta. (“¡Te amo: los amo!”).
Después, el tiempo los consolidará en virtudes durante un largo convivio, refinado por el fuego de la adversidad y del suceso imprevisto.
Cuando un espíritu falto de juicio, inexperto, pretende saltar o adelantar cualquier peldaño “porque escuchó la voz de su corazón”, la desilusión lo ahogará en confusa desesperanza y sentimientos de culpa. Por esta causa las corrientes del romanticismo tardío europeo representaron al oscurantismo del alma, y propusieron melodramas rentables, a partir de la ignorancia y la desdicha humana. Los fundamentos que otorgan propósito a una libre unión se removieron: la familia, la institución divina para preservar vida.

El advenimiento de la Razón no tardó: nunca eclipsó. Proclamó la humildad y persuadió la plena confianza en aquella Luz que enseña. Instruyó generosa el ascenso gradual y firme de dos espíritus atraídos. Les pidió ascender en paralelo por las cuestas empinadas de una misma pirámide, cada quien por lados opuestos. Cuando ambos llegaron al final del vértice, se vieron unidos en amor divino y plenitud de gozo, bañados de aquella Luz inmortal: el Amor que todo lo puede, el mismo resplandor que, según el Poeta, “mueve al Sol y a las demás estrellas...”

08.01.19
02 Shevat, 5779
HR

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