Sobre la idealizada princesa






Leí en una pared: “El besar sapos no te convierte en princesa... lo único que puede convertirte en princesa es valorarte como tal”.
Vaya usted y exponga,

“Enamoramiento” es “encantamiento”... la fantasía de un viejo arquetipo que pretende alejar de la realidad a los incautos, la falacia que pervierte el propósito de una unidad con propósito.

Mujer: cumple tu rol en preservar vida. Tu príncipe necesitará de tu apoyo para sostener a tu familia con responsabilidad y cariño: el mismo con el que tú lo alimentas. Procúrale también tu calor y amor incondicional. Defiende, por favor su autoestima.
Varón: cumple tu rol de amar y sostener a la princesa que salvaguarda a tus hijos: la continuidad de tu vida, quien te asistirá en la necesidad sufrida y deseará apoyarte en el plan de vida que ambos (en libre albedrío) han decidido culminar. ¡Defiende, por favor, con tu vida la autoestima de ella!

La amalgama de esta unidad que procreó y preservó vidas fue y es el amor maduro, altruista, el que ahora se atesora como ejemplo de derrotero triunfante para los inexpertos: la pasión que deberá ser así comprendida, anhelada, requerida: aquella que sólo la muerte apagará.

07.01.19
01 Shevat, 5779
HR

Comentarios

Entradas más populares de este blog

I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables

Rosa de mi sueño

Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz