Sobre condicionar el perdón




Leí en una pared: “Te perdono si te ofendí, pero no si no soy la razón de tu fastidio”
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¿Condiciona el verdadero perdón?

Si no es usted la razón de aquel fastidio, ¿por que involucrarse en ajeno malestar?
Si no es usted la razón de aquel fastidio, ¿por que advertir que no habrá perdón?
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Quien se siente ofuscado por una aparente ofensa no entenderá razones. No es tiempo para que entienda.
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Quien tiene poder sobre indulto ¿cómo podría revertir reiterados malestares? Quizás al recordar la motivación de sus padres que sancionaban con rigor para que la discipline instruya.
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Es probable además que la disciplina correctiva busque reparación de un daño o cambiar la actitud por sentidas disculpas. "Lo siento mucho", expresado con el corazón antes que fingido delata un rostro compungido. Entonces tuvo propósito la disciplina.
Pero el rencor, ¿qué propósito tiene?
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Quien se somete a una penitencia tiene claro un objetivo: el propósito de enmienda y disculpas que ruegan por perdón.
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Al perdonar o pasar por alto una multitud de ofensas, ¿queda libre de indulto quien ofendió sin alevosía o sin saberlo?
Y si lo supo o no, ¿qué sería lo más relevante?
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¿Qué nos enseñan los procesos naturales? ¿Hay vestigios de una suerte de rencor después de la adversidad?
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Los bosques se regeneran después de un incendio de tal manera que no quedan rastros de ceniza ni olor a humareda. El carbón hizo posible nueva vida en un terreno estropeado.
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Un corte sangrante en la piel cicatriza por acción del efecto coagulante que posee la sangre.
Y la sangre es vida.
Pese a que muchas marcas no sean del todo borradas, dejan de doler y quedan como recuerdo de algo que fue y se curó. Probablemente una lección asimilada.
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Los procesos vivos no son por ello entrópicos.
La regeneración ¿no es el impulso natural de supervivencia que nos enseña el valor de una reparación?
Nos habla de la actitud generosa de quien sostiene la vida para los que aprecian el disfrute de este regalo.
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Quienes practican conmiseración son los ciudadanos de una “rosa de trece pétalos”, porque son la expresión benévola del cielo en la tierra, estandartes distinguidos que los caracteriza, aunque crezcan en medio de abrojos dolorosos y espinas cruentas.
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Representan algo fragante y grato para otros.
Son la opción benigna antes que la acción justiciera del rigor por el dolor mediante espinas sangrantes.
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Son los que emergieron del carbón incendiario.
Las espinas salvaguardan la rosa por el dolor, pero el olor de aquellos pétalos preservan fragante amor y placer de vista, aún desde lejos.
Son creación divina, no divinidad.
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Así, un perdón condicionado dejaría de ser perdón, porque es una condición.
Quizás sólo sea temporal indulto. ¿Cuál sería entonces su galardón?
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Quien fastidiado ha culpado, ¿podrá otorgar oportunidad de perdón?
Al hacerlo, quien perdona atenúa el pero que acompaña al orgullo, el prejuicio y la revancha a cambio del obrar por la fuerza que vitaliza y hace hermosa a la rosa de fragantes pétalos llamada amor.
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Por tanto,
“Perdóname si te ofendí, y si fui la razón de tu fastidio pido tu perdón”
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"Perdono porque invito a olvidar, reconstruir, levantar y procurar la demostración de honrar una condición que anhelaremos cuando requiramos de comprensión y perdón".
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Quien practica sincera condonación valora las obras de arrepentimiento como iniciación de excelencia, 

Porque por obras de restauración se labró la paz y el cariño de otros, todos aquellos que agradecidos quizás lo encuentren en la vía dolorosa para reiterarle gratitud y cobijo durante sus días infelices.

09.10.2019
10 Tishri, 5780
HR

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