Sobre mentiras y enmienda




Leí en una pared: “Yo acepto que cometan cualquier tipo de error conmigo, pero no las mentiras, porque esas no son errores, son decisiones con intenciones”
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¿Es la mentira un error?

Las decisiones intencionadas, ¿no siempre caen en un desacierto?
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Si la mentira no fuera error es entonces acierto (al menos así lo cree quienes se valen de la mentira)
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Por ser fruto de mal que cosecha maldad, los mentirosos lejos de acertar caen en un grave error al hacer un balance de vida. Por tanto, la mentira también es desacierto, desafortunado error moral.
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Quien ha mentido no siempre miente (detecte usted la frecuencia).
Ser mentiroso, ¿no señala un hábito?
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Desliza una mentira quien en estado débil no confía en el valor de la palabra veraz. 
Sin embargo la poca frecuencia tampoco lo justifica, porque la palabra pierde honra (peso), y al no ser confiable habrá en otros la constante sombra de duda.
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Siendo que todo aquello falso se considera perjudicial por negar a la verdad, quien da a entender falsedad como algo veraz, es juzgado por lo que produce: dolor por desilusión, por mala intención o por un mal proceder que fecunda daño latente a cambio de bienestar o satisfacción unilateral.
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Y esta actitud quizás es la que denuncia quien ha vivido la experiencia de alguna vez mentir y reconocer las consecuencias de ser defraudado con la misma moneda.
Por esta razón al reprochar lo hace al espejo con sabidur
ía y fundamento: con autoridad.
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Para mentir, ¿no es requisito comprender un hecho de verdad?
Se elige entre sostener una verdad o torcerla con fines egoístas, sin meditar en la influencia de su conducta en otros.
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¿Por qué un mentiroso es egoísta?
Porque no tiene escrúpulos cuando lo delata su pequeño hijo, un domingo 
temprano con una visita inesperada e indeseada: “mi papá dice que no está”.
¡Aquella mentira no fue inocente ni liviana!
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Quien niega aceptar tan sólo una mentira -y con justicia- hace ejercicio de un derecho, pero se priva de una oportunidad.
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¿Cómo se beneficia entonces quien es víctima de una mentira?
El mentiroso lo pondrá ante un espejo.
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Quien se observa así mismo se dice “no soy mentiroso como éste o ésta”, tentado así a pensar que no miente.
Y recuerda que la debilidad está en todos.
Y aunque reprueba la palabra falsa ajena se dice en ese instante para sus adentros: “yo, que condeno la mentira, ¿miento?”
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Asustado, dimite de ser juez y piensa dos veces en una enmienda.
Pero sabe que la mentira es recurso bajo la manga.
Y calla.
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Siendo que la mentira es intención premeditada, ¿qué podría ayudarlo a no reincidir?
La confesión inmediata de un hecho de verdad
La admisión de una palabra falsa
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La admisión de un proceder egoísta que señalará al confesor como “mentiroso” o “defraudador”.
Al hacerlo, aquel título herirá su orgullo, arraigado en argumentos falsos que se desmoronaron para desnudar la verdadera intención y etiquetarlo socialmente como no confiable: alguien en quien no se puede depositar fe.
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Humillado y desnudo acepta la consecuencia de un proceder egoísta y siente alivio por dejar atrás argumentos convincentes que nunca se ajustaron a la verdad y que ahora admite como perjudiciales: daño por beneficio.
La admisión de un hecho falso, ¿no es acaso el principio de enmienda para dejar atrás fama, egoísmo y maldad?
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La oportunidad queda así al frente de su víctima: escarmiento y lección por un proceder errado.
Frente a un mentiroso, más allá de una admisión, una confesión de parte le dará la oportunidad de cambiar actitudes.
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Demandará tiempo conseguir credulidad y confianza,
Pero aquel esfuerzo purgará un proceder sucio de cenizas de todo un peregrinar oscuro y frío, alejado del camino que ahora ha cambiado en oportunidad conducente a un ascenso de sufrimiento temporal para enmienda y bienestar duraderos. Será posible entonces cifrar fe en vuestra palabra confiable.
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Por ello,
Acepte usted que otros también tendrán la oportunidad de admitir 
hechos falsos y mentiras develadas como oportunidades después de cometer desaciertos contra su persona. 
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La mentira no es un simple error, sino una decisión intencionada que le recordará a usted mismo el valor de la enmienda, vuestra propia enmienda y tanto más si se tratara de alguien que usted ama y que requiere de su perdón.
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Sentirá gran alivio y apreciará el valor del escarmiento en el reproche de otros, además de considerar importante el sufrimiento temporal para honrar su propia palabra.
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Mejor aún, cuando las disculpas le signifiquen sincero perdón, porque usted se sintió tentado alguna vez a no hablar siempre con la verdad.

¡Y se le perdonó!

05.10.2019
06 Tishri, 5780
HR

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