Sobre la implicancia de decir “te perdono”




Leí en una pared: “Te perdono porque perdonar no es sinónimo de volver. Perdonar es librarme de todo aquello que no es saludable ni beneficioso para mi camino”
...

Si perdonar no es sinónimo del intransitivo “volver”, ¿lo es entonces del pronominal “irse”?
...
Si volvió, ¿lo perdonó?
Si se fue, ¿lo perdonó?
...
¡Ni porque volvió, ni porque se fue perdonó!
¿Qué implica entonces conceder perdón?
...
Quien profiere el regio e imperial “te perdono”, ¿no señala a otro que aguarda veredicto, rostro a tierra?
Concede indulto por gracia y poder de elección.
...
“Librarse de todo aquello que no es saludable”, ¿no es amor propio?
Pero al perdonar, ¿no se conmisera a otro?
...
Ergo, no lo haría entonces por profilaxis carnal sino por restablecer mutua paz: por sanidad espiritual.
Si perdona, “lo librará de su camino”. ¿No hablaríamos entonces de juicio condenatorio en lugar de perdón?
Y el verdadero perdón deviene mutua paz.
...
Las cosas beneficiosas para el camino son acopios de bondad para bien propio, y por extensión quizás para otros, si quien acopia es generoso.
...
¿Podría entonces alguien conceder perdón sincero bajo motivaciones egoístas?
Condicionar perdón por cuestiones egoístas no es en realidad perdón, “porque el amor no lleva cuenta del daño”, como sentencia el sabio.
...
Sin embargo, la disposición de liberar de culpa o castigo a alguien por ofensas recibidas, ¿no define bien el término “perdón”?
...
Entonces, conceder perdón implicaría aliviar de cargas al prójimo: por ende con uno mismo.
Y la base del perdón sería obrar con buena intención, es decir, con bondad.
Y la bondad, ¿no es un don derivado del amor?
...
Recurriendo a una de las lenguas más antiguas del ser pensante, observamos que para el verbo hebreo na·sáʼ, algunas veces traducido “perdonar”, se emplea éste con el sentido de “alzar” y “tomar”.
Sin embargo, el significado primario es “sacar”, “llevar” (alzar algo para cargar).
...
Cuando na·sáʼ se traduce “perdonar”, el sentido primario se halla implícito, y concede la idea de alguien que al “cargar culpas” perdona: es quien cargará con la culpa. ¡Todo un obrar por amor!
...
También, el verbo hebreo en el infinitivo sa·láj (perdonar) se emplea exclusivamente con referencia al acto por el que se restablece a un ofensor un favor, quizás en respuesta a súplicas por “sacrificios” que expíen sus ofensas.
...
Por ello, el perdón se concede en función a una ofensa y para quien causa una ofensa, conmovido por algún propósito de enmienda, por tanto, motivado por “teshuvá” (arrepentimiento).
Sin esta actitud, ¿habría base para ser objeto de perdón?
...
Del mismo modo, en el viejo griego koine, encontramos que el término a·fí·ē·mi, significa literalmente “dejar marchar”. Puede significar también “perdonar” (implícitamente “olvidar”).
Y en latín, curiosamente, el prefijo aumentativo “per” precede a la acción “donāre” (“dar”): un dar [perdón]: perdonar de lleno... ¡plenamente!
...
Tiene sentido entonces que, en la tradición hebrea más importante, conocida como Rosh Hashaná, la apertura de un nuevo año lunar, implique diez días de obras de arrepentimiento que terminan en Yom Kipur: ¡el día del perdón concedido, por evidencia de arrepentimiento sincero!
...
Quien condona es el Creador y el perdonado el ser pensante.
He aquí el modelo.
...
¿Se podría hablar entonces de genuina expiación y reconciliación, si sólo fuera una observancia ritual y no un verdadero modo de vida?
¿Qué objeto tendría entonces la abrogación pública de votos sacros hechos durante el año precedente?
¿No serían adornos vacíos?
...
Por esta razón, quien perdona en realidad deja escuchar el sonido del “shofar” o cuerno del carnero, desde el corazón hacia el corazón de quien deberá perdonar: del yo íntimo a otro yo íntimo.
...
La sincera reflexión de lo que implica el sentido práctico de decir “te perdono” trascendería del ritual a una actitud de vida.
Y eso es lo que se busca con el genuino y tradicional perdón y la sagrada observancia: año tras año ser un perpetuo perdonador.
...
¡Cuánta diferencia con las bacanales romanas!, donde la carne tolerará todo anhelo codicioso y arrebatado, como ofenda a Jano, el dios de las dos caras: la purga egoísta y desenfrenada del viejo año para apertura de uno nuevo “máculo”.
...
Quien descarta o condiciona el perdón en función a resentimientos o preferencias egoístas demuestra que no desea ser objeto de perdón. ¡Tarde o temprano clamará por compasión!
Para entonces, ¿le será concedido ese ruego?
...
Bajo está expresión lingüística, podríamos concluir que la actitud de perdonar, como valor agregado, libera a un espíritu de taras y de multitud de malestares ajenos, propios de la interacción o fricción con el semejante y también de las malas decisiones.
...
De allí que la expresión “me equivoqué” sea fruto de reflexión sincera y de humilde valoración, de verdadera liberación antes que impulso emotivo y fortuito.
...
Así, quien perdona está libre de cargas (asume esas cargas para dejarlas extraviar y olvidar en el árido desierto, para nunca más volver).
...
De esta forma,
Quien perdona desea ser perdonado.
Quien perdona tiene al objeto de perdón en mira.
...
Quien perdona consulta al espejo y le dice: “¿quieres ser perdonado?”
La bondad de la amnesia, -sea inducida o trabajada para fines de perdón- libera al espíritu de cadenas inútiles que desgracian el porvenir de uno y del inmediato entorno.
...
¿No sería entonces mejor...
“Te perdono porque perdonar me implica no recordar.
Perdonar es librarme de todo aquello que no es saludable para ti ni para mí, ni beneficioso para nuestras vidas paralelas”...?
...
Durante el confín de la vida aquel puerto será el más requerido y deseado.
...
Es provechoso por ello comprender en el espejo de uno mismo la implicancia del verdadero decir “te perdono”: 

refractado, y en el mejor de los casos reflejado en otros semejantes.

06.09.2019
06 Elul, 5779
HR

Comentarios

Entradas más populares de este blog

I. Disquisiciones sobre el cusano. Sobre apetitos y deseos insaciables

Rosa de mi sueño

Acerca del convivio del excéntrico egoísta y el sensato perspicaz