Sobre el buen lector




Leí en una pared: “Yo intentando pasar la pagina, y tú ya leyendo otro libro”
...

Quien sabe amar, ¿es buen lector?

¿Qué lectura podría ser mejor que desentrañar al yo profundo?
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Quien ama, valora lo que ama por el ejercicio de la contemplación.
Atesorar, ¿no es el resultado de meditar, degustar, experimentar, compartir?
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Todo el proceso de asimilación para tener la certeza de algo que le resultó grato y muy personal terminó en una feliz elección.
Y aquel gusto consolidado en el tiempo devino amor y apego, profundo y enraizado: amor leal.
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¿Es labor sencilla arrancar un árbol de raíz?
Los árboles que crecen juntos entrelazan sus raíces y se consolidan férreos a sus bases.
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Aquel que intenta pasar una página después de una decepción, ¿no intenta acaso olvidar?
Le representa agobio la experiencia de tener que contener en sus manos todo un océano (“¡son muchas cosas...!”)
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Desiste, y debilitado teme naufragar en el arrecife del dolor.
Intenta con todas sus fuerzas doblegar el peso de tan sólo una hoja de esa historia que va escribiendo, pero le resulta vano el intento.
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Aquella voluntad empozada de penas, de recuerdos, quizo borrar las estampas de dichosos instantes compartidos.
Con la sensación frustrante de quien ve derramar un costoso perfume por el suelo, se refugia en silencioso llanto y se aísla.
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Pero fue el amor quien le permitió degustar más de un instante grato y asimiló de todos ellos la esencia más pura de las cosas que le son inevitablemente gratas:
Miel al paladar,
Magníficos colores,
Oídos atentos al recuerdo de bellas melodías,
Una memoria complaciéndole en revivir imágenes vivas.
Como los paseos al atardecer,
En alguna memorable puesta de sol.
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Quien supo amar en realidad supo ser buen lector.
De allí que sus páginas tengan peso descomunal, difíciles de pasar.
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Hay también quien traga y devora.
Aquellos que aglutinan golosos nada que sea provechoso.
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Todas las cosas le son oportunidades y experimentos de instantes fugaces.
Difícilmente se complacerá porque carece de un atributo que desprecia: la capacidad de asombro y el “sentido del buen gusto”.
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Nunca amó porque no sabe amar: está convencido de querer aprovechar oportunidades como buen actor.
Estos abarcan muchos libros y pasan raudos a otros más sin comprender qué leen y la razón de por qué leen.
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No disciernen nada escondido en cada oración, en cada frase, en cada palabra de algún ser que lo llegó a querer y le confirió confianza y cariño.
Y estos actores no se apiadan porque hacen una virtud de su insano egoísmo.
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Ya estaba la advertencia:
“En cuanto a cualquier cosa aparte de estas, hijo mío, quedas advertido: hacer muchos libros no tiene fin y dedicarse demasiado a ellos es agotador para cualquiera”
(Ecle 12:12)
Así, los devoradores de libros suelen ser pésimos lectores.
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Por ello,
Si intenta usted pasar una página, hace bien como sanador.
Busque auxilio.
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El error no está en la acción de haber leído, sino en la elección de lo que quizo usted leer.
Una mala elección, por tanto, ¿no es oportunidad para aprender a ser discernidor y selectivo?

Mientras otros estén devorando libros, usted habrá asimilado para si los mejores recursos en la brega de encontrar incansable y resuelto el camino que lo hará por fin feliz.

04.09.2019
04 Elul, 5779
HR

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