Sobre el convivio del dador feliz
Leí en una pared: “hacendosa como ninguna”
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Un anfitrión que convida ¿no se debe a su invitado? Aquel invitado ¿no es la razón de su anfitrión?
¿Qué impulsa aquel hecho existencial de trocar jerarquías y convencionalismos sociales? ¿Será por causa del buen convivir?
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La llaman "hacendosa" porque administra una hacienda. Aquella "hacienda" es voz patrimonial proveniente del latín "facienda" (cosas por hacer) y se emplea en castellano como plural neutro del gerundio de "facere", familia etimológica a su vez del vocablo "hacer".
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Dicha hacienda se debe, no a ella sino a los suyos, por quienes "hace" cosas: para ellos y debido también a sus convidados extraños (gr. filoxenia: amor al extraño, "hospitalario")
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El anfitrión quiere ser siervo de su invitado: para estos ella será "servicial". El invitado, la razón de ser de su anfitrión, es amo temporal de su hospitalario receptor, generador de "bienechurías".
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Fuente de generosidad y hospitalidad, es lo que el hijo de Alceo aprendió del forzoso embaucar del dios embustero. Aquel poseyó en ausencia a su esposa, a quien compartió disforzado sin escatimar por el honor que le hizo el Olimpo con semejante acto.
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Afable, encontró con desavenencia la dicha del generoso dar y hacer feliz a los demás.
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Por el deseo de hacer para otros lo que considera digno de departir y compartir vino Heracles por causa de Zeus, su "intruso invitado" e Íficles quien vino por causa de sí mismo: Anfitrión. Dos vástagos salidos de una sola madre: Alcmena, su esposa, y concubina a su vez de Zeus.
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Quien vio en sus progenitores liberalidad generosa, vio de facto la viva definición del vocablo anfitrión. Considera que siempre habrá un pretexto justificado y digno para compartir.
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Comprueba así que "es más feliz quien es dador que aquel que tan solo recibe", como sentenció el sabio.
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Sin un convidado no habría razón de verse subsumido en el vocablo "hospitalario".
En aquel invitado se acopian todas sus mejores muestras de sinceridad y aprecio.
En él se comprueba la felicidad del dar, por el efecto que le causa aquella ajena sonrisa.
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En aquel invitado se acopian todas sus mejores muestras de sinceridad y aprecio.
En él se comprueba la felicidad del dar, por el efecto que le causa aquella ajena sonrisa.
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Para su convidado se procuran los mejores manjares, porque al recibir, aquel participa también en una escuela de generosidad que querrá replicar en algún otro momento.
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Luego, también se hará dador y quizás encuentre su propia dicha.
¡Cuánto bien le haría a todo hijo esta diaria escuela!
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¡Cuánto bien le haría a todo hijo esta diaria escuela!
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“Es mejor un plato de verduras donde hay amor que un toro engordado donde hay odio.
“Los ojos radiantes llenan de alegría el corazón, y una buena noticia revitaliza los huesos”.
(Prov 15: 17,30)
“Los ojos radiantes llenan de alegría el corazón, y una buena noticia revitaliza los huesos”.
(Prov 15: 17,30)
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“Abre su boca con sabiduría,Y la ley de clemencia está en su lengua.
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Considera los caminos de su casa,
Y no come el pan de balde.
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Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;
Y su marido también la alaba:
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Muchas mujeres hicieron el bien;
Mas tú sobrepasas a todas.
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Engañosa es la gracia, y vana la hermosura;
La mujer que teme a Jehová, esa será alabada.
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Dadle del fruto de sus manos,
Y alábenla en las puertas sus hechos".(Prov 31:26-31)
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Así, convidado y anfitrión participan de una escuela agápica, en convivio de intercambio feliz.
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Por esta razón,
¡Hacendosos como tantos otros bienechores!
¡Hacendosos como tantos otros bienechores!
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Al igual que en aquel dichoso hogar, un fresco manantial florido de agradabilidad niega secarse y marchitarse
Al igual que en aquel dichoso hogar, un fresco manantial florido de agradabilidad niega secarse y marchitarse
en ningún rincón de la casa de aquel dador entusiasta y feliz.
28.08.2019
27 Ab, 5779
HR
27 Ab, 5779
HR

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